Isidro Rebollo. Dr. en psicología, psicoanalista.

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¿Puede haber una educación sexual?. El aborto en adolescentes.

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¿Puede haber una educación sexual? El aborto en adolescentes.


Resumen.

A pesar de los avances en materia reproductiva y la permisividad social y familiar, el tema de la sexualidad parece escaparse de nuevo. Siempre habíamos pensado que había sido obra de la represión religiosa, política, familiar, social. Por tanto, una vez superadas estas barreras disfrutar de una sexualidad llena estaría al alcance de todos. La insatisfacción de muchas parejas y en especial los embarazos no deseados podrían ser dos temas que indican que poco ha cambiado. ¿Podemos educarla o adoctrinarla?

El embarazo fortuito es una situación que se da entre parejas oficialmente constituidas y el hecho, más allá de la reflexión ética, no genera ríos de tinta. Pero cuando se da en parejas adolescentes la sociedad se cuestiona su gestión formativa manifestando el fracaso de las políticas de planificación familiar. La prensa se hace eco del incremento de la prevalencia actual de embarazos en adolescentes. Parece que la denuncia incrementa el discurso denunciado. Es necesario así una reflexión sobre las razones y a ser posible ofrecer una posible profilaxis.  Tarea no muy fácil y muchas veces imposible.

Sobre la mujer

Nuestros hijos adolescentes y en especial las hijas, ha de ser consciente de que si bien asistimos a una cierta libertad sexual, fruto del avance de la contracepción y a más “cultura sexual”, una pequeña pero profunda reflexión seguro que hará ver el engaño. Sí. Realmente la píldora anticonceptiva y el uso del material profiláctico han abierto el camino al goce sexual femenino, fuertemente reprimido por las instituciones y la cultura imperante en cada época. Pero a pesar de que la mujer ha tenido acceso a lo que hasta ahora tenía prohibido, los resultados no han sido los esperados. Ella continua sufriendo los efectos que se deriva de sus afectos. Siempre ha sido la perjudicada, siempre ha encontrado un amo en forma de sociedad que la invita a relegarla a la cocina,  al culto al cuerpo, a la cirugía, a trabajar fuera de casa para continuar trabajando cuando vuelve, o a una maternidad no esperada. Es necesario preguntarse así si el discurso feminista satisface el deseo de la mujer. La falsa equiparación les pasa una factura demasiado elevada. La supuesta libertad sexual es una vuelta más de la cadena.

Adolescentes

Ellos son invitado al mundo del mercado consumista y el sexo entra a formar parte de este intercambio. Puede disfrutar de una relación que siempre supera a quien la practica. Al final el que tenia que ser una feliz relación vuelve en forma de embarazo. ¿Por qué lo que sale de mi cuerpo, de mi deseo, puede ser la causa de  infelicidad? La misma sociedad que fomenta la libertad es quien censura sus efectos. Sociedad que se pregunta institucionalmente qué es lo que hace y hacemos mal y que afecta a los jóvenes a pesar de los intentos para evitarlo.

¿Educar la sexualidad?

 

A pesar de esta aparente negatividad, la sexualidad es un paraíso del que no hemos de ser expulsados. Mientras que en los animales es producto de un instinto, en los humanos se trata de un encuentro de deseos, de afectos. Tanto la sexualidad como la alimentación bailan al son de una música enigmática y natural a la vez. La anorexia es paradigmática. La velocidad y el riesgo de accidente que comporta parece no afectar a la juventud.

Sobre ellos vertemos demasiada información y pensamos que ya tenemos garantizados los posibles efectos negativos. Creemos que una sociedad adolescente muy informada a golpes de charlas e imágenes estará resguardada de embarazos inesperados. Los resultados nos dicen que algo falla porque el sexo se resiste al adoctrinamiento. Se puede dar conocimientos en forma de información, pero lo que hace el sujeto con esta información afecta muy poco a su deseo, que es quien gobierna produciendo efectos poco esperados. Ni la coerción, ni la libertad sexual son garantes de nada.

¿Qué podemos hacer? Los padres y la profilaxis.

Nuestros hijos deben saber que al igual que en una división matemática, las relaciones entre las personas nunca da exacto; siempre queda un residuo que es difícil de digerir hasta le punto de que algunas personas quedan marcadas de por vida. El fruto de una relación donde pesa más el afecto del sexo que el producto que puede generarse y del cual quedamos sorprendidos.

Los padres han de procurar situar y situarse con una cierta frescura en este universo del intercambio sexual. No es cuestión de permisividad ni de control ridículo. Tan nefasta es la falta de ley como un exceso inflacionario de la misma.

El adolescente más allá de las buenas palabras necesita carteles indicadores para orientarse. Necesita respuestas a qué hace con un cuerpo que de golpe despierta y al deseo que lo moviliza. Las respuestas no han de llegar vía enciclopédica, sino por vivencia, por repeticiones identificatorias. En definitiva, que alguien le diga cómo resolvieron sus padres el mismo dilema que a él, ella, les cuestiona. ¿Quién mejor que los propios padres?

Así la profilaxis no existe más allá de la cultura y esta se basa en la transmisión. En la familia este mensaje es vivo, se ve, se repite, no es producto de charlas moralistas. Es fácil entender que derivo a la familia la responsabilidad de la paternidad y la derivo pensando que es una tarea agradable.

Focault en su Historia de la Sexualidad decía que el sexo se reducía a una serie de practicas donde se mezclaban elementos anatómicos, biológicos, placer... y que la sexualidad eran sus derivaciones económicas, sociales, médicas, éticas... Jacques Lacan le contradice afirmando que la sexualidad intenta domesticar al sexo, pero este se resiste.

Dice la leyenda que en el estrecho de Sicilia habitaba un monstruo, Caribdis, que vivía en una gruta justo delante de una roca llamada Scila. Los barcos tenía que pasar y evitar tanto al ser maligno como a la roca.

La sexualidad es este barco que irremediablemente ha de atravesar el estrecho, tan solo es necesario un capitán que le dirija sin golpes violentos. ¿Por qué no hacer la travesía juntos?