Isidro Rebollo. Dr. en psicología, psicoanalista.

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La familia se reinventa.

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LA FAMILIA SE REINVENTA

La disolución de la familia? ... dudo del disolvente.

 

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.
(Rafael Alberti)

Hay una serie de temas que viven en un constante análisis conspicuo y siempre bajo la sospecha de aquello que puede afectar su estructura. Así, la educación, la familia, la política, la manera de disfrutar de la juventud... Creo que en lugar de alarmarnos y tragarnos la información tendenciosa, hemos que parar a reflexionar y aportar recursos que están en la  propia historia.

¿Realmente el acceso de la mujer al trabajo, el sistema capitalista, la unión de parejas homoparentales, la televisión, la ausencia o la crisis del hecho religioso..., y todo lo que ustedes quieran, todos estos factores están poniendo en peligro la estructura familiar? Bien analicémoslo.

Hay una subjetividad en cada época. Ciertamente la familia no ha sido siempre la misma; su edificio -como la Iglesia o el ejército- ha tenido que soportar sacudidas y hasta ahora su estructura, si bien se resiente, continúa firme.
El modelo familiar que tenemos presente es muy reciente. La forma en que están estructurados sus miembros ahora, es la respuesta a muchas de las variables que han influido sobre la humanidad. Por eso es por lo que no tiene mucho sentido poner el grito en el cielo. La familia es un invento reciente. Antes era un clan que se protegía y donde el vínculo del matrimonio casi ni existía, era más unión de tierras que de personas. El concepto familiar del que ahora se habla es fruto de una evolución y consecuentemente de los cambios experimentados desde el siglo XVI al XVIII. Inicialmente la familia tenía el sentido de preservar el patrimonio, es decir, que casarse significaba consolidar la economía. No hace falta remitirnos muy atrás en el tiempo para ver cómo funcionaba la pagesía aquí en Catalunya.

Este modelo reposaba en el modelo patriarcal, tradicional, estático, reproductivo. Los abuelos convivían con los nietos. Varias generaciones se observaban mutuamente bajo las paredes del hogar. La transmisión estaba asegurada, el orden y el respeto, por el cual hoy tanto suspiramos, era la mirada del padre que a la vez era mirado por el abuelo.
La Revolución Francesa aportó ciertos aires afectivos hacia los cónyuges y hacia el concepto de hijo y de infancia, gracias a Rousseau. Antes los hijos no tenían el significado del que ahora disfrutan. El hijo era la preservación de la tierra. Tan sólo funcionaba la biología. Hoy todo gira alrededor de la figura del niño. Todo, quiere decir, lo bueno y lo malo.

Este ha sido el modelo dominante instituido de forma sacramental por la Iglesia en el Concilio de Trento, relegando al padre a la fertilización  y a la madre a la gestación y con un fuerte control de la sexualidad tal y como manifiesta Foucault en su Historia de la Sexualidad. No creo que tengamos que estar orgullosos de este modelo.

La familia recibe influencias desde fuera e internamente. Del exterior un efecto globalizador encabezado por los medios de difusión que deciden qué es y qué no tiene que ser una familia; como si hubiera un modelo válido para todo el mundo en base al significante de familia normal. La familia tiene que ser estudiada caso por caso.

Desde dentro, porque sus miembros y en especial sus funciones están en crisis. Efectivamente, la función paterna, que no la autoridad, se cuestiona. El papel de la mujer ha variado al abrir las puertas de su hogar y acceder al mundo del trabajo. Aquí sí que hemos podido observar un montón de transformaciones; pero este era el precio a pagar por innovarse. Desde esta perspectiva podemos decir que tan sólo una persona quedaba anulada en su condición: La mujer, relegada a parir y alimentar.

 

Ella se ha dado cuenta que su condición va más allá de la reproducción. Sabe que el mundo de la producción le abre las puertas a la posibilidad de no depender del macho. Descubre lo que ya sabía, que hay un acceso al placer sexual del cual antes no disfrutaba. Se puede ser mujer desde otro tipo de subjetividad. Esto ha significado un cambio radical en la familia. El hombre ya no es tan amo, ella experimenta con su decisión. Esto comporta como ya sabemos violencia que denominan de género. También ha supuesto la necesidad de delegar funciones en la escuela, las instituciones y tantos cambios como quieran..., pero hacía falta que ella saliera de la jaula del tiempo. Y por último, ha supuesto que el hombre haya tenido dificultades para asumir este cambio tan radical y ha perdido ciertamente los papeles. Hoy hablamos de déficit de su función.

¿Quién está interesado en alarmarnos? Por regla general siempre han sido aquellos que amparándose en la religión y en la tradición se han aprovechado de sus recursos económicos y de poder y siempre que han querido han tenido acceso al divorcio, al placer, a la droga, al aborto..., a todo aquello que consideran peligroso por el resto de los vecinos. Por lo tanto no se trata de una lucha entre inmovilistas y progresistas, sino entre intereses concretos.
El divorcio, sin ir más lejos, significó una amenaza, un ataque sin precedentes a la familia. Ahora si bien está próximo, nadie lo observa con tanta reticencia; es más bien un recurso, a veces doloroso, contra la carencia  de entendimiento entre personas.

¿Y qué decir de las parejas homosexuales? El no va más de la amenaza fantasma. Pero curiosamente resulta que estos quieren vivir en estructura familiar, y resulta, por si alguien lo duda, que los hijos educados en su seno no padecen ninguna perversión, ni orientación sexual perversa, sencillamente porque dentro de la pareja homoparental hay una diferenciación sexual que aplican en la convivencia. Este es un tema a hablar más detenidamente. De hecho, estas familias quieren continuar reforzando el concepto legalizando su unión. Pero el imaginario colectivo no acaba de hacerse a la idea de la atipicidad de sus miembros. Se valora erróneamente más su composición que la responsabilidad que implica la educación y la transmisión de valores a las nuevas generaciones.

La historia no se para, la familia se está reinventando una vez más. Es más importante la transmisión de las relaciones de parentesco, la transmisión simbólica, la filiación; siempre estructurada de forma edípica: madre, padre, hijo/a y esto hoy por hoy se mantiene.

La ciencia y la reproducción asistida respecto a la maternidad es el nuevo síntoma. Ahora oiremos hablar de la ectogénesis: el embrión fuera del organismo humano, con lo que comporta de separación umbilical madre-hijo, la rotura del modelo de embarazo y de la relación tal y como ahora la vemos. Esto es lo que anuncia el especialista en bioética Henri Atlan a su libro “El útero artificial”  (Ed. Seuil). Aquí estaremos.

Isidro Rebollo Conejo

Psicoanalista

 

 

Bibliografia:
Roudinesco, Élisabeth, La familia en desorden. Ed. Fondo de Cultura Económica